martes, 26 de septiembre de 2023

Los días de terapia

 - Acuéstese aquí por favor, boca abajo. Sí, lo sé, va a doler un poco.

Atiendo la solicitud, respiro profundo, me apoyo en los codos y me extiendo sobre la camilla negra acolchada con olor a limpiador fresca primavera.

El fisio llega con una toalla, me pide que le indique dónde está la lesión exactamente. Le indico, y procede a ponerme la toalla caliente en el área lumbar, a la altura de la nalga izquierda.

Relajante... la incomodidad y presión de la postura se disminuye con el calor, es una sensación placentera, los días de espasmos y parálisis con la lágrima en la punta del ojo desaparecen ante esta nueva realidad de calor localizado. Mientras me relajo comienzo a revisar el espacio, en lo que cabe por mi posición: es un salón grande con camillas negras, cada una con dos almohadones azul quirúrgico.

Allí entramos a la hora en punto, casi que, en manada, los malditos lisiados: los renacidos, a quienes las cuentas del destino, nos puso en apuros, nos tiró a una cama y ahora nos lleva a levantarnos y a andar, como en mandato bíblico.

Brazos, cuello, hombros, manos, pantorrillas, piernas, nalgas, pies... Cada uno con su pena, con su lamento.

Quejidos. Mi compañera del lado puja con cada movimiento, su pie derecho está envuelto en la toalla caliente. Puja, se queja, carraspea, sospecho que es su forma de llamar mi atención y poner conversa, no quiero conversar, solo quiero disfrutar el calor y la música. La miro, le sonrío con los ojos, tenemos tapabocas, me devuelve el gesto, toda su frente y ojos se fruncen como una pasa. Saco los audífonos, los emparejo al teléfono y activo la banda sonora de la hora.

Puja de nuevo "que se acabe esto rápido" dice, solo la miro y advierto cómo balancea su pierna libre, ha de estar incómoda y adolorida. Advierto un olor poco agradable que se cuela por el tapabocas, veo a mi vecina, miro hacia abajo en dirección a su pie balanceante, ¿de ahí proviene? Me niego a creerlo, anda en chanclas.

Observo su pie mientras se mece adelante y atrás, adelante y atrás: un pie reseco, ajado por el sol, el polvo, la lluvia, la vida misma de tanto caminarla, sin siquiera probar una crema humectante o la vaselina, que pudiera ser más barata. La piel de ese pie se ha convertido en un cartón, pero, ¿quién se fija en los pies cuando la vida es dura y no hay para comer? Digo yo ¿Quién se compadece de un talón tostado y cuarteado? ¡A andar se dijo! A patear el polvo porque la situación no da espera.

Los pies resecos siempre me han causado pena, conmueven mi alma samaritana hasta el punto de hacerme pensar en llevar en el bolso la clásica crema de tapa azul ultra hidratante y sobarla en cuanto talón tostado me encuentre. Hasta podría realizar una campaña de hidratación masiva: “pase por aquí señora, por caridad, dele un toque de amor a esos pies…”. Obviamente, este pie no es la excepción, aunque el olor me pone en duda de lanzarme en labor de hidratación.

Estoy en aquella fantasía hidratante cuando del talón y el empeine, paso a mirar sus dedos… una gama de color amarillo ocre, pero no precisamente de esmalte, se degrada en una uña larga y gruesa del dedo pulgar, está cortada en punta, al estilo águila, pienso.

Puedo convencerme por el estado de aquella uña, que ese es el origen de la fragancia no identificada, un pie modelo para comercial de fungicida, de esos que salen al medio día a la hora de las noticias nacionales, cuando se está almorzando en algún corrientazo: te mandas el trozo de pollo guisado y ahí está la uña amarillo verdosa mostrando su miseria y redención, después del elixir salvador.   

Pobre mujer, se estremece, arruga más la frente dejando ver su dolor. Me da pena, no la juzgo por sus pies, pienso en las necesidades a las que está expuesta. El fisioterapeuta descubre el pie lesionado, está en las mismas condiciones que el balanceante fragante. La punta de esa uña señala al infinito, parece una capucha, un gorro cónico ¿Cómo puede uno vivir poseído por ese mal? ¿Será acaso una infestación por hongos lo que la tiene así? Pienso en los hongos asesinos y en la urgente necesidad de un corta uñas, de un hombre solo o de un cortafrío si es preciso, para bajar esas garras.

Condenada manía por la limpieza, todo dentro de mí me impulsa a lavarle esos pies con siete aguas, a cortarle las uñas y a hacerle un baño de crema que le dure por el resto de su encarnación. Respiro, cierro los ojos y me concentro en la lista de reproducción que sale de los audífonos, no quiero soñar esta noche con la odisea de cortar esas garras en condiciones lamentables.

jueves, 3 de noviembre de 2022

Nathalia sirena

Doy el primer mordisco a mi sándwich. Está sabroso, tibio, de pan suave; me gusta porque siento ligeramente la crema de maní, que combina perfecto con las demás especias. Mastico lento, procuro mantener la calma mientras observo cómo coquetamente lo han servido: envuelto en papel blanco y atado por la cintura con una cabuya delgada que finaliza el amarre con un coqueto moñito; se le asoman las hojas de lechuga, trocitos de tomate, aguacate con puntitos negros, asumo que pimienta. 

Continúo masticando lento y mantengo la calma. Sí, leyó bien, mantengo la calma, no porque quiera devorarme el emparedado, la calma porque en la mesa a mi derecha hay una familia con tres infantes, dos chicos, uno de 10 y el otro tal vez de 5 años, la menor, la estridente, a esa le calculo unos 2 años.

La estridente se levanta y se sienta repetidamente del puesto y se va por el reducido espacio empujando una silla como si fuera el cochecito del mercado.

Nathalia, tú no eres así–. Le reprocha el hermano de diez. 

Nathalia, ¿qué haces? Ese no es tu comportamiento–. Habla la madre con tono sereno, queriendo parecer severo. 

Ante los reproches, Nathalia estalla en diminuta ira y emite un chillido que me llega además de los oídos, al alma. La advierto vuelta meme “Asombrosa niña sirena… de ambulancia”. La niña sirena tiene pulmones y los pavonea en la mesa ante la presencia de los mayores: un papá indiferente que ya se ha parado un par de veces a hablar por teléfono en voz alta sobre sus negocios; una abuela que apenas habla; la mamá que, además de llamarle la atención a la Nathalia, le dice que mañana estará viajando para Argentina. ¿La mandarán por encomienda?, me pregunto mientras sigo masticando lento con la mirada fija en el horizonte, queriendo ser imperceptible emulando a Drax el destructor. 

Calma. “Nathalia sirena” arrastra la silla y se pasa por mi mesa, me está mirando, yo no lo hago, sigo fija en el horizonte, pero percibo esos ojitos, ella está ahí esperando alguna reacción mía… mastico lento, leeeentoooo. Se cansa y se va con la silla-coche. Masticar lento, consciente, me ilumina un brillante diálogo:

Disculpe si nuestra pequeña le incomoda, usualmente ella no es así–. Me dice la madre con tono displicente. 

En realidad es un poco molesto, pero me iré pronto… además es pequeña, está en una etapa de moldear su conducta, podría aprender unos patrones de lo que es correcto y lo que no dentro y fuera de casa–. Le contesto limpiándome la boca con la servilleta. 

Como le dije ella normalmente se comporta bien, no es así, debe estar nerviosa por el viaje, mañana nos vamos para Argentina, pero, ¿qué sabe usted de comportamiento de niños, no se le nota que tenga uno–. Su respuesta, en un tono un poco áspero.

Pierda cuidado, como le dije, en un momento me iré. Espero tengan buen viaje, y no, hijos no, sobrinos sí, cinco… además, esos temas de comportamiento me apasionan, tengo una especialización en criminología... 

Estoy entretenida masticando el diálogo, una inocente escena de juegos infantiles se ubica frente a mi mesa: Nathalia y su hermano, el de 5 años. Este la abraza y la tumba al suelo, ambos ríen. La niña queda debajo, encima el niño; no los miro directamente, pero por su ubicación puedo tener los detalles de lo que hacen. La abraza, se ríe y comienza a moverse particularmente. El diálogo continúa: 

Por ejemplo, observe la conducta del niño, yo de usted le prestaría más atención y no los dejaría solos, él está en plena exploración de su cuerpo y las sensaciones placenteras, su hermana es un blanco fácil para experimentar, sabe a qué me refiero–. 

Estoy en mi diálogo científico, en plena cátedra de cómo hacer para disciplinar a los críos o en últimas, le recomiendo que les dé chancla porque eso no le ha hecho daño a nadie, cuando los movimientos particulares del niño no lo son tanto y mi diálogo se ubica en la escena: 

El niño se acomoda como un perrito sobre su hermana y comienza a moverse tal cual lo hacen los perritos en las piernas de las visitas, se fricciona contra ella con movimientos rápidos. Mastico perturbada porque no puedo creer que eso esté pasando y ninguno de los mayores a cargo diga o haga algo, ¿será que no ven o no quieren ver? Lo único que escucho es un –Tomás, venga para acá, déjela–. 

Sigo masticando con la vista al horizonte y la escena de un pequeño Tomás explorador riéndose, mientras cabalga a su hermanita. La inocencia de los juegos de infancia cambia de color cuando caes con niños mucho mayores que vos, los vecinos, los primos… la escena me devolvió pasajes oscuros de mi vida. 

Tomás soltó a su hermana y con el acto, una carcajada; el niño se quedó de pie mirándome por unos instantes, lo ignoré de la misma manera que ignoré a su hermana, de la misma manera que ignoré la escena y callé. Seguí en el acto de masticar, el emparedado se hizo pesado ¿Debí intervenir y decir algo? El "brillante diálogo" se convirtió en un mar de preguntas y especulaciones sobre lo que le esperaría a “Nathalia sirena”. 

Los comensales tal vez por pena, terminaron pronto su cena recién servida. 

Hasta luego, muchas gracias, qué pena las molestias, así son los niños–. La madre se despidió, refiriéndose a la mujer que la atendió. 

Tranquila, así son los niños, así era el mío cuando estaba pequeño–. La disculpó amablemente la mujer del servicio con una sonrisa, mientras arreglaba las sillas acomodándolas de nuevo junto a la mesa. 

Hasta luego–. Esa despedida era para mí, no había nadie más en el lugar. 

Hasta luego, feliz noche–. Respondí, limpiándome la boca con la servilleta.

lunes, 18 de mayo de 2020

En la diestra de Dios padre. Tomás Carrasquilla.

La lectura en voz alta es una de mis pasiones, les comparto mi actividad para llevar esta cuarentena "Cuentos Cuarentenos" es un espacio los lunes, miércoles y viernes a las 8:00pm hora Colombia, donde hago lectura de cuentos de todas las épocas, para todas las edades, a través de mis canales de Facebook @La Montezca e Instagram @lamontezca








martes, 2 de febrero de 2016

Agítese antes de usar



Cierto día hablaba con una amiga sobre los acuerdos a los que se debía llegar para vivir en pareja "todo es negociable en la vida" pensé, ¿Negociable? esa palabra mercantil sonó fría, pero en realidad todos estos asuntos de relaciones se convierten en transacciones de productos y beneficios, tú me das, yo recibo. Y saber que todo el tiempo nos están bombardeando con ideales y deseos para que creamos que son nuestros.

En el absurdo mercado del amor nos venden parejas tomadas de la mano, sueños rosa. Nos venden serenatas, cenas, tardes de picnic.

Pero no nos venden las falsas promesas, las ilusiones rotas, los sueños acabados. No nos venden la caída libre hacia el abismo del fracaso. No nos venden la realidad de la incompatibilidad, la tolerancia, el amar en solitario. 

No nos venden las horas de insomnio explicándonos el porqué de los errores, ni las eternidades frente al espejo preguntando una y otra vez ¿Qué pasa conmigo? 

Nos venden un paraíso y la prolongación de la vida en otro, otro producto de consumo más. No nos venden el homicidio de la inocencia, ni los crímenes de amor. Nos venden el empaque, no la carne que se pudre al aire libre sino se congela y no sabe a nada sino se frita y se le echan aliños.

No nos venden la cruda competencia en esta guerra del mercado: cada vez más féminas acicaladas y competentes y cada vez, prospectos menos dispuestos o como en la mayoría de los casos: no disponibles. 

Te venden el juego de la seducción, ese que supuestamente está como un chip incrustado en nuestro cerebro y que consiste en ser indefensa, delicada al extremo porque al hombre le gusta ser protector y tener a la princesa del cuento a su lado. Las mujeres fuertes e inteligentes son temerarias y están condenadas a que las deje el tren porque el principito no quiere enfrentarse con alguien que le iguale.

A la venta está el espejismo, el amor líquido, la válvula de escape a los tediosos fines de semana. El encuentro con un buen polvo para no quedar oxidado y tener al menos el recuerdo de un buen orgasmo, así sea fingido.

Nosotras y ellos girando alrededor de lo mismo: un marco con dos figuras al centro corriendo en una playa con el sol poniente al fondo. Dos para recorrer un camino en el que después del tira y afloje entre los marcianos y las venusianas, si las cosas no llegan a mutuo acuerdo, sólo quedará la resignación, la frustración y siga por la misma porque “así Dios lo quiso”.

Nos dicen que la belleza va por dentro, que lo importante son los sentimientos, pero nos bombardean con reinados y soluciones estéticas para mejorar el estuche, porque “mujer bonita que se respete, consigue quien la mantenga”. 

Nos venden el ideal de la media naranja, pero no nos dicen que ya estamos completos y que lo único que debemos hacer, es exprimir el jugo y disfrutar de la mejor bebida. 

Compré lo que me vendieron, me comí el cuento y después de un tiempo, de dar traspiés, caer y levantarme, he escupido toda la basura que por dosis mediáticas había ingerido. Ahora estoy en el mercado, pero no acepto ofertas, rumio ideas y conceptos y mientras disfruto esta piel, sé que somos muchos más los que no estamos dispuestos a ser artículos de consumo masivo.

martes, 17 de junio de 2014

Un espacio pa’ gritar

Soy usuaria del centro, diligencias en bancos, compras a última hora y otros quehaceres me conducen a este lugar en donde pulula el afán mercantil. Los pitos de carros y motos aturden la conciencia al compás de los gritos desgarrados que ofrecen la raqueta que extermina bichos, la camiseta de la selección Colombia a diez mil, la pega pega, la película que se estrena en cartelera y otros artículos que en últimas, no encuentro un uso en mi cotidianidad. 

Me gusta caminar, ser un punto más entre los olores y el bullicio, un punto en medio del bochorno, un punto con un propósito específico. Poéticamente el tumulto resulta fascinante. Poéticamente hasta que las calles que transito se vuelven insoportables y el pavimento es la única opción para agilizar el paso, corriendo con la suerte de torear autos y motocicletas exponiendo mi vida. 

Las calles del centro de este “pueblo con olor a ciudad” se quedaron estrechas, además de los cientos de vehículos de todas las clases, los andenes ya no son el sitio de tránsito peatonal, con preocupación observo que ya hay vendedores de aguacates y frutas en las esquinas del Parque Lineal Céspedes. Paulatinamente, el negocio informal se ha ido apoderando de la Calle Sarmiento transformándola en un pequeño y rectilíneo reino del caos. 

He lamentado la manera en cómo hemos permitido que nos quiten los pocos trozos de historia de le daban un aire clásico al terruño: se volvió polvo la Estación del Ferrocarril, acabaron con la Capilla del Arte, el puente de la Calle 26 es ahora un monumento al cemento, la Gallera se volvió parqueadero y lejos de apreciar la hermosa edificación del Teatro Sarmiento, la mirada nos devuelve un resguardo de casuchas comerciales. Ahora el centro de Tuluá, que ha gozado de reconocimiento por ser uno de los más organizados y pujantes de la región, se convierte poco a poco en un mercado persa que ocupa más espacio de lo que se puede vender. 

Sigo caminando, sorteando obstáculos, digiriendo el ruido que me ofrece todo tipo de servicios y pensando que si bien el espacio público es de la ciudadanía, como ciudadana deseo poder transitar por las calles de Tuluá con tranquilidad y obviamente haciendo uso de un espacio para caminar. Es apremiante que se presenten alternativas viables que favorezcan las condiciones de empleo de los vendedores ambulantes y por otro lado, se respete el espacio público, porque al paso que vamos, el Espacio Público será sólo de uso masivo como un hashtag.

martes, 14 de enero de 2014

Metro

Como si no fuera de este planeta observaba a todos a su alrededor, reconfiguraba los rostros y de repente se inventaba historias detrás de cada uno, su rutina era habitual, tenía la manía de pretender que era ese gran ojo sobre cada cual que no  perdía detalles.

La estación del metro estaba atestada, así que el proceso creativo sería más arduo mientras esperaba su vagón. 

Lo vio pasar por su lado con esa sonrisita que se le regala a la gente que se conoce, pero no lo conocía. Lo perdió de vista.

Finalmente llegó a la puerta de cristal que abre y cierra escupiendo y tragando personas. Sintió esa punzada en el cuello, giró su cabeza y ahí estaba, riendo de nuevo, él, ese demente que creyó ver en ella a alguien familiar, lo ignoró, giró de nuevo su cabeza, pero con su cara encima, tal vez era el loco del metro o algún asesino en serie que la había escogido como su próxima víctima.

Una especie de pánico logró albergar en su ser, si bien vivía en la urbe, en esa selva de cemento que se come todo cuanto recibe y que profesa seguridad a toda costa gracias a las infinitas cámaras instaladas en cada rincón estratégico, sumadas a las duras condenas contra cualquier tipo de crimen, a pesar de todo eso, se sentía insegura… Poco a poco los vagones de los otros llegaban, la puerta se abría, escupía gente y tragaba más, cerraba.  


Su vagón no aparecía, sentía aún las punzadas en su cuello, ya se imaginaba la figura maligna del bufón a su espalda, tal vez con un arma, tal vez sin ninguna pero con la más cruel, la dura intención de aniquilarla, de matarla con la incertidumbre de la espera del momento en el que decidiera acabar con su existencia.

miércoles, 24 de abril de 2013

Ausencia

¿Cómo han sido los días de tu vida sin mí? Yo te diré de los míos sin vos,  han sido iguales sí, con las mismas mañas y patrañas, pero sin vos, soleados, calurosos, otros grises y lluviosos, tropicales en fin, pero sin vos…

También he reído a carcajadas, me he emocionado con el azul del firmamento y hasta he llorado con las buenas letras de una canción.  No esperes que te cuente que han sido desastrosos estos días, para nada, solo han sido iguales, pero sin vos...

¿A dónde se ha ido toda el agua que amenaza con caer? ¿A dónde has ido tú? Aquí me he quedado yo.  Ahora caen rayos, centellea en la noche y a lo lejos, escucho el eco del trueno, igual que siempre, igual que últimamente, pero sin vos… 

sábado, 17 de marzo de 2012

Nacimiento


El día para mí inició temprano, antes que se asomara el Astro Rey y que inmediatamente fuera oculto por los nubarrones grises que amenazaban lluvia.  Efectivamente la lluvia llegó, goteritas y luego goterones marcaron el ritmo de nuestro andar, dos generaciones acompasaban sus pasos al encuentro de varios siglos que esperaban expectantes el transcurso de la lúdica jornada.

Ella, de cabellos platinados, entusiasta y bulliciosa, me dejaba ver su esencia, su infancia perpetua y su gran capacidad para camuflarse y ser parte de ellos… Yo siempre la veré como a una niña.  Como de costumbre, me presenta como su trofeo, cosa que solía molestarme, pero que ahora con el pasar del tiempo, comprendo, no soy más que la realización de sus sueños, su obra maestra…

Hoy caminé y dancé con dinosaurios.  Toda la sabiduría junta y pieles marcadas por los años, sonrisas desprevenidas y satisfechas. Solo un día para darme cuenta que he perdido el tiempo viviendo en contravía. 

martes, 29 de noviembre de 2011

Pasaje


¡Vaya sol que hace! De pie junto a la ventana, encandilada está por el reflejo del astro que aunque le gusta, la mirada no resiste, los ojos le arden.  Bebe el té de frutos rojos bien caliente, de sorbo en sorbo le sigue el trayecto a los afortunados gallinazos.  Ellos vuelan, piensa.  Sí, comen carroña pero vuelan, no me importaría comer carroña con tal de poder volar y perderme todos los días allá bien alto, porque según  cuentas, son de los que más altura alcanzan.  Sí… un gallinazo, con la panza hedionda pero volando, libre, sin problemas, solo el gélido viento y yo mientras abajo los miserables se destrozan y acaban con lo poco que nos queda, dejando los restos que me comeré al bajar… 

Regresa al último sorbo de té y sonríe mientras piensa en lo fácil que sería su vida siendo el necrófago animal.

martes, 20 de septiembre de 2011

Nostalgia




Al partir, la húmeda atmósfera me devolvía una frescura particular, como diciéndome adiós, la frescura de una despedida… Despego y mis ojos a través de la ventana te observan por última vez, verde de tan mullido aspecto con serpenteantes figuras líquidas que se diluyen en mis ojos, mientras estos mismos ojos se volvían líquidos al pensar que serás ya un recuerdo.

Imágenes, apegos míos que se hacen más fuertes con el pasar del tiempo, los años me llegan convertidos en sentimiento, en amores por cosas, gentes, momentos… Apegos.

El vuelo es una fiesta carmesí producto de una mágica puesta de sol, carnaval de azules violáceos fundidos en blanco mientras la moneda de oro se perdía en el Occidente.  Mis ojos aún líquidos tratan de capturar tanta maravilla para perpetuarla en mis adentros. De repente, al Oriente, justo en mi ventana, otro gigante de plata aún con tintes amarillos, se levantaba tímidamente en su paraíso poco a poco añil, esta vez la madre Natura me regalaba una función extra: Sol y Luna frente a frente, de extremo a extremo, desde el aire observo un cambio de turno.

Sin palabras despedida, mi partida será el hasta siempre que sellé en mi libre unión con este Universo. Hasta siempre a tus paisajes, a los momentos eternos en donde solo tú Atrato y yo, nos encontrábamos en silencio.  Hasta siempre a la sonrisa amplia, a la bella y aterciopelada piel de ébano, a la generosidad de formas que le ofreces a la asombrada vista del foráneo.  Hasta siempre a tu espesura, mis historias te las quedas en la bóveda de tus secretos.

El vuelo continúa mientras te dejo, mientras se cae el día y el carnaval carmesí es ya añil. Súbitamente el Valle aparece en escena, tramos de luces demarcan la geografía de los pueblos, el panorama es otro, ya no estarás manigua ante mis ojos, ahora te quedas en el vagón de mis recuerdos, perenne serás ahora en mis sueños.

sábado, 13 de agosto de 2011

The Golden Rush

Vivo en la tierra del oro donde la fiebre es amarilla y los dientes son blancos como el platino.

La tierra de los excesos, de la vida cara, de los sentires intensos.

Excesos en amores, luchas y dolores, ¡carajo! Si es que ya deliro y digo incoherencias… camino siempre con las manos en los bolsillos, como si teniéndolas allí fuera garantía de que no se me escapara la vida. Sigo el paso y le boto mente a todo, a lo que hice, a lo que dejé de hacer… pero ojo, con la convicción de no arrepentirme, lo que se hizo o se dejó de hacer es lo tangible y ante eso, nada.

El caminar me resulta confortable, mis pies se dejan llevar uno detrás del otro siguiendo el mismo ritmo que traigo desde hace años, como si estuviera en huída.

Condenada nómada, condenada a seguir volteando. Sigo caminando después de una de mis pataletas rosa y me encuentro con una casi interminable e insólita hilera de gente esperando el turno mientras el hombre del “cajero móvil”, les recibe dinero y a cambio les entrega un papelito: ¡el baloto! dinero instantáneo, la puerta de entrada a una eternidad terrenal libre de preocupaciones… hoy en plena pasión de la Sub 20, hay otra fiebre, no la del oro, sí la del baloto.

“Si yo fuera rico… lalararalalala la raaa…” ¿cuántas ideas, sueños y promesas hay en cada cabeza que forma la hilera? La mía por un segundo se dibujó al contemplarla. Opa si tiraría todas mis cargas por el retrete y me iría, desaparecería y le daría un sentido más extenso a mi alma navegante y me comería el mundo. 68 mil millones no se encuentran detrás de la puerta, pero sí a tan solo instantes de un golpe de suerte de la maquinita aquella.

En hilera detrás de un sueño, en fila india y pacientes a la espera de Fortuna, en eso se podría resumir la vida. Pacientes nueve meses de espera para salir a la luz y respirar el oxígeno de esta tierra… buscad, buscad y esperad pacientes que todo llega a su debido tiempo. Ah si nos llega la vida, la felicidad, el amor, la pasión y hasta la muerte… y siempre nos toca esperar.

domingo, 5 de junio de 2011

Ellas

Me gusta verlas en las calles, esbeltas, de largas piernas, tan erguidas ellas, como palmeras se contonean como si estuviera la banda sonora de su andar siempre en marcha…

Me gusta verlas tan delgadas y tan redondas, con sus prendas apretadas ceñidas a sus formas delineadas, de pieles claras, otras más oscuras, otras tan morenas que parecen de carbón teñidas…

Me gusta verlas orgullosas de su sangre, de su temple, de su singular picante en la mirada, de la sensualidad que emana de sus poros y les brota en carcajadas…

Me gusta verlas a los ojos, esos tan negros, tan redondos (y otros para mi infantil asombro, verde esmeralda) tan llenos de secretos y de mística, tan llenos de historias que comparten al calor de un café o de un simple vaso de agua…

Me gusta verlas peinadas con sus largas extensiones doradas, otras rojizas, otras amarillas, y hasta azules las he visto, ellas con esos caminos trenzados tan apretados como impidiendo que las ideas salgan…

Me gusta verlas vivas, de arcoíris vestidas, con combinaciones de colores no imaginadas pero que siempre matizan gracias al ébano de su piel tornasolada…

Me gusta verlas siempre, y siempre me las encuentro...

Ellas: diminutas, gigantes, rellenas, esbeltas, maduras y tiernas… Ellas...

viernes, 25 de febrero de 2011

Castillo



Esta noche es corriente, raramente fría, entonces no tan corriente debo admitir.

Mi nariz como la de un perro, está como la noche… y tan fría como mi cama entera.

Decido entonces que esta noche no tan corriente sea especial, el clima despierta mis sentidos y antes de emprender el viaje, selecciono la banda sonora que me acompañará en la travesía.

No hay pastillas, no hay jeringas, no hay bebidas… solo las ganas de soñar, solo las ganas de crear ese mundo en donde vos y yo reímos, nos amamos.

Abro las alas y con la mayor confianza me lanzo al vacío, en caída libre planeo, me dejo llevar.

Percusiones, cuerdas, teclados, metales. Setenta, ochenta, noventa y algo del dos mil marcan el ritmo ¿y de las voces? Qué decir de ellas, como las melodías, son únicas: varoniles, femeninas, susurrantes, narcóticas, eróticas, delirantes. Voces.

El escenario está dispuesto y el monólogo en escena: un lecho, un ente inerte en traje de dormir con la cara de pastel y una leve sonrisa que se dibuja en los labios de cereza, que sueña son de ella, míos al fin.

Tendida, absorta, envuelta en la fantasía de los dos, envuelta en la fantasía del mañana, del presente, ese eterno guerrero que me sorprende, el sin fin. Aquí estoy, huyendo del abismo de los días grises con preguntas sin respuestas.

Aquí estoy, con la cara de ponqué y con vos como amuleto, con vos como presea, como si hubiera alcanzado el cielo con las manos, como si mis manos te hubieran alcanzado, como si mi vida ya se hubiera realizado.

Al ritmo de metales, percusiones, teclados y voces, sigo en mi viaje. Yo, princesa conquistando destinos y vos mi consorte: sapiente, cauto, etéreo… maravilloso decidir la noche, maravilloso que con las ganas basta para emprender el viaje del arquitecto, en donde los cimientos de mi edificación solo los traza este corazón.

lunes, 7 de febrero de 2011

En la espesura

Cuando estás lejos extrañas lo que dejas,
Cuando regresas a lo que has dejado,
Entonces extrañas lo que dejas lejos…

Aquí el día es soleado, azul profundo y diáfano el firmamento,
El calor te quema la piel, te pica, te abraza…
Allá pocos días son soleados, de vez en cuando azules, casi siempre grises, nublados,
El calor te ahoga, se te pega en la piel, te sofoca…

Extraño mi asombro al ver los cuerpos exuberantes, enormes, tanta carne, tanta riqueza…
Fértiles como esa selva que nos rodea y que nos traga cuando desciende el Jetstream 41 de fabricación inglesa.

Extraño mi asombro cuando viví los primeros funerales,
Fantásticos, extraídos de cuentos…
Funerales morados con sombrillas de colores paseándose por la Primera con la banda repuntando la marcha fúnebre, al ritmo de melodías que me evocan a una New Orleans que no conozco.

Extraño mi asombro y encanto al darme cuenta que un gorro de baño es el mejor aliado para evitar que se dañe el alissé, que podes salir con gorro de baño a la calle, que es tan normal como la sombrilla. Entonces las puedes ver todas bellas, elegantes, frondosas y acicaladas conduciendo su moto o de pasajeras, con la lluvia encima y el gorrito de pepitas cubriendo su cuidada cabellera…

Amo su frescura, sus prioridades mundanas tan personales, tan coherentes, tan suyas…
la amplia y blanca sonrisa, esa mirada inocente que aún en el fondo siento que clama libertad.

Amo esa selva espesa, el verde esmeralda en sus mares costeros que me hipnotiza, su fauna gigante que temo. Envidio su ritmo, su movimiento de cadera tan erótico, provocador y lujurioso, tan natural.

Transito sus calles y no me siento ajena, me sumerjo en su gente, sus olores, sus colores, sus sabores, me deslumbro con sus rutilantes adornos hechos del oro que brota abundante solo allí.

Vivo y respiro el presente, me trago y conservo en mi memoria todos los episodios vividos y esperaré ávida los que llegarán en aquella espesura, en mis tesoros quedas hermosa tierra negra.

Salud a tu gente, a tus calles, a tus colores, a tus sabores, a tus olores, a tu humedad…
A tu salud y gracias porque me adoptaste, me alimentas y me das historias para contar.