martes, 29 de noviembre de 2011

Pasaje


¡Vaya sol que hace! De pie junto a la ventana, encandilada está por el reflejo del astro que aunque le gusta, la mirada no resiste, los ojos le arden.  Bebe el té de frutos rojos bien caliente, de sorbo en sorbo le sigue el trayecto a los afortunados gallinazos.  Ellos vuelan, piensa.  Sí, comen carroña pero vuelan, no me importaría comer carroña con tal de poder volar y perderme todos los días allá bien alto, porque según  cuentas, son de los que más altura alcanzan.  Sí… un gallinazo, con la panza hedionda pero volando, libre, sin problemas, solo el gélido viento y yo mientras abajo los miserables se destrozan y acaban con lo poco que nos queda, dejando los restos que me comeré al bajar… 

Regresa al último sorbo de té y sonríe mientras piensa en lo fácil que sería su vida siendo el necrófago animal.

martes, 20 de septiembre de 2011

Nostalgia




Al partir, la húmeda atmósfera me devolvía una frescura particular, como diciéndome adiós, la frescura de una despedida… Despego y mis ojos a través de la ventana te observan por última vez, verde de tan mullido aspecto con serpenteantes figuras líquidas que se diluyen en mis ojos, mientras estos mismos ojos se volvían líquidos al pensar que serás ya un recuerdo.

Imágenes, apegos míos que se hacen más fuertes con el pasar del tiempo, los años me llegan convertidos en sentimiento, en amores por cosas, gentes, momentos… Apegos.

El vuelo es una fiesta carmesí producto de una mágica puesta de sol, carnaval de azules violáceos fundidos en blanco mientras la moneda de oro se perdía en el Occidente.  Mis ojos aún líquidos tratan de capturar tanta maravilla para perpetuarla en mis adentros. De repente, al Oriente, justo en mi ventana, otro gigante de plata aún con tintes amarillos, se levantaba tímidamente en su paraíso poco a poco añil, esta vez la madre Natura me regalaba una función extra: Sol y Luna frente a frente, de extremo a extremo, desde el aire observo un cambio de turno.

Sin palabras despedida, mi partida será el hasta siempre que sellé en mi libre unión con este Universo. Hasta siempre a tus paisajes, a los momentos eternos en donde solo tú Atrato y yo, nos encontrábamos en silencio.  Hasta siempre a la sonrisa amplia, a la bella y aterciopelada piel de ébano, a la generosidad de formas que le ofreces a la asombrada vista del foráneo.  Hasta siempre a tu espesura, mis historias te las quedas en la bóveda de tus secretos.

El vuelo continúa mientras te dejo, mientras se cae el día y el carnaval carmesí es ya añil. Súbitamente el Valle aparece en escena, tramos de luces demarcan la geografía de los pueblos, el panorama es otro, ya no estarás manigua ante mis ojos, ahora te quedas en el vagón de mis recuerdos, perenne serás ahora en mis sueños.

sábado, 13 de agosto de 2011

The Golden Rush

Vivo en la tierra del oro donde la fiebre es amarilla y los dientes son blancos como el platino.

La tierra de los excesos, de la vida cara, de los sentires intensos.

Excesos en amores, luchas y dolores, ¡carajo! Si es que ya deliro y digo incoherencias… camino siempre con las manos en los bolsillos, como si teniéndolas allí fuera garantía de que no se me escapara la vida. Sigo el paso y le boto mente a todo, a lo que hice, a lo que dejé de hacer… pero ojo, con la convicción de no arrepentirme, lo que se hizo o se dejó de hacer es lo tangible y ante eso, nada.

El caminar me resulta confortable, mis pies se dejan llevar uno detrás del otro siguiendo el mismo ritmo que traigo desde hace años, como si estuviera en huída.

Condenada nómada, condenada a seguir volteando. Sigo caminando después de una de mis pataletas rosa y me encuentro con una casi interminable e insólita hilera de gente esperando el turno mientras el hombre del “cajero móvil”, les recibe dinero y a cambio les entrega un papelito: ¡el baloto! dinero instantáneo, la puerta de entrada a una eternidad terrenal libre de preocupaciones… hoy en plena pasión de la Sub 20, hay otra fiebre, no la del oro, sí la del baloto.

“Si yo fuera rico… lalararalalala la raaa…” ¿cuántas ideas, sueños y promesas hay en cada cabeza que forma la hilera? La mía por un segundo se dibujó al contemplarla. Opa si tiraría todas mis cargas por el retrete y me iría, desaparecería y le daría un sentido más extenso a mi alma navegante y me comería el mundo. 68 mil millones no se encuentran detrás de la puerta, pero sí a tan solo instantes de un golpe de suerte de la maquinita aquella.

En hilera detrás de un sueño, en fila india y pacientes a la espera de Fortuna, en eso se podría resumir la vida. Pacientes nueve meses de espera para salir a la luz y respirar el oxígeno de esta tierra… buscad, buscad y esperad pacientes que todo llega a su debido tiempo. Ah si nos llega la vida, la felicidad, el amor, la pasión y hasta la muerte… y siempre nos toca esperar.

domingo, 5 de junio de 2011

Ellas

Me gusta verlas en las calles, esbeltas, de largas piernas, tan erguidas ellas, como palmeras se contonean como si estuviera la banda sonora de su andar siempre en marcha…

Me gusta verlas tan delgadas y tan redondas, con sus prendas apretadas ceñidas a sus formas delineadas, de pieles claras, otras más oscuras, otras tan morenas que parecen de carbón teñidas…

Me gusta verlas orgullosas de su sangre, de su temple, de su singular picante en la mirada, de la sensualidad que emana de sus poros y les brota en carcajadas…

Me gusta verlas a los ojos, esos tan negros, tan redondos (y otros para mi infantil asombro, verde esmeralda) tan llenos de secretos y de mística, tan llenos de historias que comparten al calor de un café o de un simple vaso de agua…

Me gusta verlas peinadas con sus largas extensiones doradas, otras rojizas, otras amarillas, y hasta azules las he visto, ellas con esos caminos trenzados tan apretados como impidiendo que las ideas salgan…

Me gusta verlas vivas, de arcoíris vestidas, con combinaciones de colores no imaginadas pero que siempre matizan gracias al ébano de su piel tornasolada…

Me gusta verlas siempre, y siempre me las encuentro...

Ellas: diminutas, gigantes, rellenas, esbeltas, maduras y tiernas… Ellas...

viernes, 25 de febrero de 2011

Castillo



Esta noche es corriente, raramente fría, entonces no tan corriente debo admitir.

Mi nariz como la de un perro, está como la noche… y tan fría como mi cama entera.

Decido entonces que esta noche no tan corriente sea especial, el clima despierta mis sentidos y antes de emprender el viaje, selecciono la banda sonora que me acompañará en la travesía.

No hay pastillas, no hay jeringas, no hay bebidas… solo las ganas de soñar, solo las ganas de crear ese mundo en donde vos y yo reímos, nos amamos.

Abro las alas y con la mayor confianza me lanzo al vacío, en caída libre planeo, me dejo llevar.

Percusiones, cuerdas, teclados, metales. Setenta, ochenta, noventa y algo del dos mil marcan el ritmo ¿y de las voces? Qué decir de ellas, como las melodías, son únicas: varoniles, femeninas, susurrantes, narcóticas, eróticas, delirantes. Voces.

El escenario está dispuesto y el monólogo en escena: un lecho, un ente inerte en traje de dormir con la cara de pastel y una leve sonrisa que se dibuja en los labios de cereza, que sueña son de ella, míos al fin.

Tendida, absorta, envuelta en la fantasía de los dos, envuelta en la fantasía del mañana, del presente, ese eterno guerrero que me sorprende, el sin fin. Aquí estoy, huyendo del abismo de los días grises con preguntas sin respuestas.

Aquí estoy, con la cara de ponqué y con vos como amuleto, con vos como presea, como si hubiera alcanzado el cielo con las manos, como si mis manos te hubieran alcanzado, como si mi vida ya se hubiera realizado.

Al ritmo de metales, percusiones, teclados y voces, sigo en mi viaje. Yo, princesa conquistando destinos y vos mi consorte: sapiente, cauto, etéreo… maravilloso decidir la noche, maravilloso que con las ganas basta para emprender el viaje del arquitecto, en donde los cimientos de mi edificación solo los traza este corazón.

lunes, 7 de febrero de 2011

En la espesura

Cuando estás lejos extrañas lo que dejas,
Cuando regresas a lo que has dejado,
Entonces extrañas lo que dejas lejos…

Aquí el día es soleado, azul profundo y diáfano el firmamento,
El calor te quema la piel, te pica, te abraza…
Allá pocos días son soleados, de vez en cuando azules, casi siempre grises, nublados,
El calor te ahoga, se te pega en la piel, te sofoca…

Extraño mi asombro al ver los cuerpos exuberantes, enormes, tanta carne, tanta riqueza…
Fértiles como esa selva que nos rodea y que nos traga cuando desciende el Jetstream 41 de fabricación inglesa.

Extraño mi asombro cuando viví los primeros funerales,
Fantásticos, extraídos de cuentos…
Funerales morados con sombrillas de colores paseándose por la Primera con la banda repuntando la marcha fúnebre, al ritmo de melodías que me evocan a una New Orleans que no conozco.

Extraño mi asombro y encanto al darme cuenta que un gorro de baño es el mejor aliado para evitar que se dañe el alissé, que podes salir con gorro de baño a la calle, que es tan normal como la sombrilla. Entonces las puedes ver todas bellas, elegantes, frondosas y acicaladas conduciendo su moto o de pasajeras, con la lluvia encima y el gorrito de pepitas cubriendo su cuidada cabellera…

Amo su frescura, sus prioridades mundanas tan personales, tan coherentes, tan suyas…
la amplia y blanca sonrisa, esa mirada inocente que aún en el fondo siento que clama libertad.

Amo esa selva espesa, el verde esmeralda en sus mares costeros que me hipnotiza, su fauna gigante que temo. Envidio su ritmo, su movimiento de cadera tan erótico, provocador y lujurioso, tan natural.

Transito sus calles y no me siento ajena, me sumerjo en su gente, sus olores, sus colores, sus sabores, me deslumbro con sus rutilantes adornos hechos del oro que brota abundante solo allí.

Vivo y respiro el presente, me trago y conservo en mi memoria todos los episodios vividos y esperaré ávida los que llegarán en aquella espesura, en mis tesoros quedas hermosa tierra negra.

Salud a tu gente, a tus calles, a tus colores, a tus sabores, a tus olores, a tu humedad…
A tu salud y gracias porque me adoptaste, me alimentas y me das historias para contar.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Vida


Trocitos de mí hay regados en todas partes, dispersos buscan en dónde encajar…
Aquí y allá, en cada rincón donde he estado ahora están.
Recuerdos gratos, no gratos.
Gentes, casas, camas, cocinas, comidas, buses, taxis, motos, rapis… tiquetes de ida y regreso…
Ida y regreso, ¿cuántas idas y regresos más?
Si esta casa que tengo y que me abriga no es mía.
Solo de paso, de paso estoy aquí, como en esta vida estamos.
Solo de paso y anhelando puerto, la suela de mis botas se desgasta, no quiero caminar más.
Quiero llegar y encontrar la paz de tu mirada, hundirme entre tu pecho…
mi hogar
Quiero llegar, sí, llegar de verdad, llegar a lo mío, llegar a lo nuestro…
llegar.
Necesito respirar tu aliento, el bálsamo de la verdad
Necesito comer de tu carne, clavarte las uñas y verte sangrar.
Si sangras yo estaré siempre viva y entonces tu sangre y mi sangre una sola serán,
y siendo una sola a lo mejor, nuevas historias crearán, historias en donde los trocitos de ti y de mi en un solo cuerpo se unirán…

martes, 10 de noviembre de 2009

Pasajes


Todas las mañanas la encontraban allí, sentada sobre su mecedora de madera balanceándose:

adelante - atrás, adelante - atrás…

tejiendo la manta para su amado:

zigzag, zigzag, zigzag…

-¡buenas doña Polonia!

-buenas misiá Delfina.
Una adusta voz se escondía tras la morena figura.

-¿ésta vez será misiá Delfina?

-no, todavía faltan muchos días…

Hasta ese punto les llegaba la conversa. Delfina seguía la ruta empedrada que conducía a la vereda, y Polonia, cual la épica Penélope, su manta tejía al vaivén de su vieja silla:

adelante – atrás, adelante – atrás...

Todavía faltan muchos días.

martes, 11 de agosto de 2009

Periodismo, compromiso social

Me encontraba realizando mi rutina cotidiana en la mañana del martes 4 de agosto cuando recibí la grata llamada de un amigo quien con la voz en tono alegre me dijo – Feliz día del periodista amiga Adriana - En realidad ni por la mente se me cruzaba aquella fecha institucionalizada desde el año 2004, donde la Ley 918 declaró el día 4 de agosto como el “Día del Periodista y Comunicador”, en conmemoración de la primera publicación de la “Declaración de los Derechos del Hombre”, realizada el 4 de agosto de 1794 por Antonio Nariño, Precursor de la Independencia.

Confieso que no soy periodista y nunca me he sentido como tal, en realidad el camino apenas comienza. Mi profesión es la locución, al periodismo le huí durante mucho tiempo, demasiado compromiso social para alguien que no quería enredarse la vida. No cualquiera es periodista, para serlo se necesita criterio, coraje y una integridad férrea que no le permita doblegarse ante el signo pesos. Entonces, recuerdo y admiro a los grandes, a esos hombres que dejaron su nombre impreso en la historia del periodismo en nuestro país.

Sin viajar muy lejos en nuestro terruño el periodismo también tiene historia, resaltemos por ejemplo una que aún sigue su rumbo en un camino que se abrió a pulso por allá en el 75, cuando un tolimense y tulueño de corazón José W. Espejo, nos enseñó que la constancia, la convicción y la pasión por lo que se hace tienen su recompensa. Así nació El Tabloide, periódico que durante 34 años, ha estado en las buenas y en las malas de nuestro acontecer centrovallecaucano, que nos presenta un periodismo ágil que ha madurado con el pasar de los años, que ha evolucionado al ritmo de la modernidad y se reinventa cada vez, pero ante todo que no pierde su esencia y su razón de ser: ser emisores de la verdad.

Mis letras hoy agradecen a quienes aún defienden esta causa, a quienes con pasión desarrollan esta actividad tan digna de admirar, tan fuerte, pero tan frágil cuando se trata de divulgar las cosas tal cual. Pase lo que pase que tu voz no se calle, que tu pluma sea la espada que esgrimes por justicia, la objetividad una constante y la verdad, la ruta que marque tu destino... Feliz día hoy y todos los días amigos Periodistas.

domingo, 2 de agosto de 2009

El mejor trabajo del mundo

Una noticia que le dio la vuelta al mundo y ha despertado miles de caras verdes de la envidia, la protagonizó el joven británico Ben Southall, quien a sus 34 años se hizo merecedor de “El mejor trabajo del mundo”, con un sueldo US105.000 dólares estadounidenses, ganados a punta de tomar el sol, pasearse en las playas vírgenes de Queenland (isla australiana) y relatar diariamente su experiencia en un blog con fotografías y todo durante seis meses. Esto por cuenta de un reality show australiano que debido a la crisis, busca incrementar el nivel de turistas.

La noticia es magnífica, cualquiera de nosotros desearía un trabajo así, el mejor trabajo del mundo. Mi imaginación se adelanta unos tres meses después de todo este bullicio mediático cuando el joven Southall, haya recorrido de cabo a rabo la isla y sus alrededores y esté mamado del sol, el calor, de bañarse con agua salada y haber entrado en la rutina de divertirse diariamente. Entonces la idea del mejor trabajo del mundo se desvanece y me hace recordar una anécdota que demuestra nuestro interminable inconformismo. Hace un año una amiga se quejaba por lo cansada que estaba en su trabajo, aparte de tener un sueldo bajo, no gozaba de un buen jefe, sus quejas eran constantes hasta que consiguió uno nuevo y mejor remunerado, esta semana me la encontré y de nuevo se quejó por su mala fortuna, este trabajo también la tenía aburrida.

Somos quienes somos donde quiera que estemos, ¿a dónde va el buey que no tenga qué arar?, el mejor trabajo del mundo está en nuestra conciencia, en lo bien que nos desempeñemos, el mejor trabajo del mundo está en agradecer que tenemos uno, que san billete así sea poquito llega, porque la ley de causa y efecto existe, y lo que sembramos eso cosechamos. El mejor trabajo del mundo aparece cuando lo asumimos con una sonrisa, cuando disfrutamos lo que hacemos y cuando estamos convencidos que la magia en la vida existe.

La Rueda Mágica

En Colombia celebramos 199 años de nuestro grito de independencia, ¡vaya, un añito y llegamos al bicentenario! En este lunes feriado todas las calles de nuestra patria se veían tan bonitas adornadas con el tricolor y gracias a la brillante idea del Gran Concierto Nacional, en más de mil ciudades colombianas se instalaron tarimas donde los artistas y músicos, ofrecieron su talento para deleitar a los miles de espectadores, que se congregaron en las principales plazas y en un solo grito cantaron ¡Viva Colombia!, ¡Libertad!, entre otras consignas esperanzadoras, de esas que nos salen cuando estamos imbuidos con el espíritu patrio.

Independencia, palabra que retumba en mi cabeza al recordar vagamente el hecho que rebosó la copa, la excusa perfecta para formar la trifulca, el préstamo de un florero, el famoso florero de Llorente. Sin abusar de la historia ni dármelas de historiadora, ni más faltaba, trataré a mí entender, de remembrar un poco el hecho aquel, para que estemos claros en el por qué nuestro grito de independencia se ha dado.




Durante tres siglos, iniciando desde el descubrimiento de América en 1492, las tradiciones políticas de los criollos, es decir nosotros, giraron en torno al dominio colonial, los españoles. Dominio que se tradujo, como cosa rara, en abusos en los impuestos a la corona, restricciones y discriminación hacia los criollos con respecto a ocupar cargos de poder. Entonces un grupo de criollos ilustres se reunieron en secreto para planear el golpe final que con la excusa del préstamo de un florero, marcó el comienzo de una serie de revoluciones independentista que la historia ha relatado ya. Aquellos esfuerzos no fueron en vano, nos libramos de los tiranos, pero leyendo un poco más me doy cuenta o especulo que la historia vueltas da. Como “la rueda mágica” en ciclos giramos y ahora nuestros opresores en otras pieles han mutado, y tal vez a una Patria Boba hemos regresado. Patria que reclama libertad, que le hace fiesta a una utopía cada 20 de julio, mientras a sus hijos se los come la selva en medio de las sombras. Nuestras batallas se reducen a un polvo blanco, el comodín usado para afianzar la entrada de una nueva corona que llega con los vientos del Norte.

La rueda mágica ha girado, pero a la espera de un Tribuno del Pueblo estamos, alguien que nos aliente con tan premonitorias palabras que con el pasar de los años aún siguen en boga: "Santafereños: Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan". Esta fue la consigna de José Acevedo y Gómez, criollo ilustre con la elocuencia suficiente para mover al pueblo y cuyas palabras pronunciadas aquel 20 de julio de 1810 me llevan a pensar en el grito de Independencia que… ¿hemos dado?

martes, 21 de julio de 2009

Que brille para ellos la luz perpetua...



El 25 de junio de 2009, será recordado como el día que paralizó a un mundo que durante cinco décadas le siguió la pista al prodigio de The Jackson Five: Michael, el pequeño gigante dueño de la tierra del nunca jamás, de los pasos inimitables, de la voz dulce, el de las letras esperanzadoras, y quien casi quince días después de su muerte, al fin descansó en paz en su modesto ataúd de más de 25 mil dólares, se fue Michael Jackson, el Rey del Pop. El año 2009 sin duda quedará escrito con letras capitales en la historia de la humanidad, se ha llevado en su tránsito a personajes que dejaron una huella significativa en la escena mediática.

Ese día, tras el revuelo de los medios de comunicación por el deceso de Jackson, tímidamente salió a luces la muerte de otro ícono de la cultura pop de los años 70 y 80, el sex symbol y ex ángel de Charlie: Farrah Fawcett. Estos acontecimientos que tocaron la vida de muchos, uno bajo la sombra del otro, me hicieron recordar que el 13 mayo hace escasos dos meses, Colombia vivía un hecho similar al despedir a dos grandes consentidos de los medios criollos: el Payaso Bebé y Rafael Escalona. Desde sus flancos el humor y la música, escribieron nuestra historia e irónicamente, el primero bajo la sombra del segundo, también marcaron su retirada.

Muchos pensamos en la injusticia del adiós, en el por qué si ambos fueron igual de importantes o hicieron esto y aquello, no se merecieron igual despedida, igual despliegue sensacionalista, lo irónico es que el adiós mismo es injusto. Suntuosas y bullosas o humildes y discretas, las despedidas son dolorosas, la hora de partida no está escrita, pero los hechos en vida son los que realmente cuentan en vida hermano en vida… Este año 2009 sí quedará escrito en la vida de muchos, en la vida de los Jackson, de los Escalona y de los miles que despidieron o despedirán a sus seres queridos, éste es un tránsito inevitable, pero mientras llega siempre recuerdo que las obras son las que quedan.

sábado, 4 de julio de 2009

Un año después, ¿Colombia libre o antiparabólica?



El jueves 2 de julio se conmemoró el primer aniversario de la heroica operación Jaque donde 15 secuestrados por las FARC fueron rescatados gracias a una impecable operación militar, las principales noticias de la prensa colombiana se concentraron en remembrar la hazaña, el antes y el después. Un año después en la vida de aquellas personas quienes hoy miran al pasado y cuentan la historia como contando una película, a la que se le presta mucha atención y se recita con lujo de detalles.

La operación que le dio la vuelta al mundo, sin duda dejó una honda huella en cada uno de nosotros. Estos son hechos históricos que nos unen en sentimiento patrio sin importar credo, estrato o raza, como aquella vez del 5 a 0 contra Argentina, ¿cómo olvidarlo? Los colombianos se abrazaron en un solo grito: la victoria ante los gauchos, los reyes del balompié latinoamericano.

Un año después, el recuerdo del rescate sigue latente y como hecho histórico que se respete, en la vida de los afectados, es decir en la de todos, se hizo un paréntesis y como por arte de magia uno se acuerda exactamente de lo que estaba haciendo ese día. En mi caso particular recuerdo que estaba en la casa de un amigo cuando la noticia llegó y encendimos la tele: ¡liberaron a Ingrid!, nos miramos y nuestros ojos estaban automáticamente aguados, no lo podíamos creer, nos abrazamos, salimos a las calles y veíamos las risas y rostros de asombro y esperanza en cada uno.

Los abrazos, el orgullo nacional que se siente, esa acción solidaria que se transmite cada que vivimos un momento tan marcado como éste, se reclama constantemente en los colombianos cuando somos presas cotidianas de un mal llamado: ser Antiparabólico, palabra que escuché en la jerga venezolana y que además de una risa, me robó la atención porque hace referencia a una persona a quien poco o nada le interesa un asunto. Aquí nuestro asunto es Colombia, nuestros derechos fundamentales.

Entonces el ser antiparabólico no es un mal nuevo y considero de más cuidado que el virus A H1N1 por peligro de contagio. Somos antiparabólicos cuando injustamente nos imponen leyes, violan nuestros derechos y por negligencia no acudimos al deber ciudadano de reclamar lo justo. Somos antiparabólicos cuando siendo testigos de un atropello a una persona o animal indefensos, callamos. Y peor aún, el antiparabolismo cobra fuerza en las urnas gracias al abstencionismo.

De antiparabólicos y antiparabólicas está lleno el mundo y como resultado la injusticia e indiferencia reinan por cuenta de la ignorancia del silencio. Que no sucedan más hechos que despierten el espíritu colectivo, que el colectivo sea la constante. Que la cuota de dolor se convierta en el grano de arena para erradicar la indiferencia. Hoy de manera breve, estas letras más que una opinión quieren hacer eco de un clamor, donde el ser antiparabólico se convierta en ficción.

jueves, 2 de julio de 2009

Las cartas de Sofía



Hoy los días me sorprenden nuevamente con la fantasía de tu sueño, el sueño que se gesta cuando estoy despierta, cuando estoy dormida, el sueño que me hace recordar que estoy viva, que mis días siempre han sido casuales, monocromáticos a veces multicolores, en fin, días han sido. Días con sentido y ahora con un Norte, Tu. Días que huelen a magia, los días que te espero, que acaricio el sueño de tenerte, los días en que fantaseo con los olores tuyos, con tus sabores, los días que se van y regresan con el arrullo de tu voz.

Te espero mientras tejo la manta que nos cubrirá en los días de amores, dolores, en los días de risas y caricias en un halo rosa, mientras los días grises esperan.

La coral de nuestro idilio se entona en las noches cuando tus latidos y los míos se amalgaman, la platónica esencia de nuestro secreto se revienta cuando nuestros dedos solo sienten el tacto frío en la distancia. El amor vive en la mente y corazón de los amantes, en la ilusión de ser amado, en la ilusión de la entrega, la entrega del uno, del todo, del comerse la savia e impregnarse del otro. Mi entrega no vacila ante la promesa de vida, una promesa que se reinventa cada vez, una promesa Fénix.

Me miro en el espejo y te veo, silente sigo tus pasos, los que imagino das. Tu vida paralela a la mía ha estado y al mirar al cielo te indagaba mientras tú me buscabas. ¿Cuán irónico es este circo de la vida que en una jugada de la causalidad y de la modernidad me regala en su función la noticia de tu realidad?

Y mientras te pienso, siento que te siento y vago por los corredores de la incertidumbre adivinando y descifrando tu razón, tú vas por el mundo haciendo tu vida con la certeza de la mía, atesorando el momento esperado, aquel que me rompe el coco, aquel que en el calendario no está marcado, pero aquel que existe, que se anhela, aquel que espero la suerte sea.

jueves, 2 de abril de 2009

Amalgama


Regresé después de tantos días de tenerte olvidada
Como siempre ahí estabas, expectante a mi encuentro…
Inquieta, ágil, malabarista y dispuesta a contarlo todo,
No me resisto a tomarte nuevamente
Porque sé que en cualquier momento, a cada instante,
Estas para mí.

No vacilan mis dedos, saltarines acarician el teclado vaciando la prolijidad de tus ideas,
Mis manos acuden, mis sentidos se alinean en tu frecuencia,
Soy yo prisionera de tus conceptos, del vaivén de letras en constante orgía creativa,
Soy yo prisionera de los sueños, de las musas disfrazadas de elementos, gentes, situaciones
Y como un fiel lacayo a tus preceptos cedo… fiel a ti me muevo.

Eres tú Inspiración, corazón, razón, júbilo, pasión…
Eres tú inocencia, ironía, agonía, incertidumbre, pena…
Eres tú un todo, eres tú, soy yo…
Amalgama en un ente que vive, que escribe, que llora, que canta, que ama.
Eres tú un todo, eres tú, soy yo… somos todos

Años


El día anterior había llovido, esa noche dormí como un cachorro, un viento helado se coló por mi ventana generándome la atmósfera perfecta para sumergirme en los brazos de Morfeo sin ninguna preocupación. El amanecer era el esperado, gris, frio… extrañamente mágico para mí.

En este día mi agenda está un poco apretada y desesperada, está revuelta entre las obras altruistas que realizo como voluntaria para la corporación a la que pertenezco, y mis bolsillos llenos de miseria, vacíos, más de seis meses sin recibir un salario fijo golpean a cualquiera. Pero mi entusiasmo vive, la emoción que me genera el realizar algo bien hecho y que beneficie a otros es razón suficiente para seguir en la arena. La ducha matutina, aún hay silencio, la ciudad apenas se despierta. El desayuno servido en la mesa, por fortuna tengo una madre, de esas de antaño que te consienten hasta el día en que la vida de alguno de los dos, madre o hijo, detiene su marcha. La atmósfera se muestra apacible, lo que me da pie para planear mi día, mis palabras, mis gestos casuales. Mi naturaleza femenina me conducen al baño, allí tengo todo lo necesario para ponerme la máscara, para mostrar un rostro menos desaliñado, más atractivo, ilusorio.

En el baño también entro en conflicto cuando trato que ponerle orden a mi melena, la estiro, recojo, dejo suelta, buscando cómo mejor queda. Entonces, mientras estoy en el proceso de peinado, un pequeño reflejo brillante ubicado en la línea del flequillo llama mi atención, su longitud me hace pensar que es una lanita, pues las hebras de la toalla o de la ropa se sueltan quedando atrapadas en el cabello. La tomo por el extremo y advierto que no es una lanita, que es blanca, que al momento de halarla mi cuero cabelludo siente, advierto, con la esperanza de que no sea cierto, que es una cana.

Experimenté una extraña sensación, inmediatamente la risita nerviosa entró en escena, traté de ignorar este hallazgo, como a los fantasmas: si no crees en ellos, no existen. Pero la existencia de la primera cana a mis 31, me cayó como un baldado de agua fría, no tanto por la vanidad como les sucede a algunas que corren por el primer pote de tinte para cubrir algo que cada mes les recordará sus abriles: las raíces. Sino por la llegada inevitable de los años.

A este Peter Pan los zapatos no ya no le calzan, esa cana me hace pensar ya que aún virgen en las responsabilidades hogareñas, estaba segura de que nunca envejecería, que mi rostro no se ajaría y que no llegaría el momento en el que alguien me dijera señora o doña. Esa cana me hace reflexionar, mi cuerpo se desgasta, no produce melanina, o tal vez el stress de verme sin un duro se ha manifestado en la cintita nívea que ahora habita en mi cabeza. Arrugas, canas, flacidez, cicatrices… esos signos de la edad que se marcan en el cuerpo como heridas de guerra que evidencian que has vivido, que has luchado, que has sufrido.

Acomodo mi melena, lavo mis dientes y abandono el baño, mi día mágicamente gris con atmósfera casi capitalina sigue su marcha. Mi batalla termina en un empate, ahora tengo un nuevo aliado, un aliado platinado. Y espero mientras siga la vida, saber vivirla para que el paso de los años no golpee mi existencia y pueda tener una madurez digna.

sábado, 7 de febrero de 2009

Cartas y delirios. Cap I



...Apretó la carta contra su pecho, cerró los ojos, suspiró profundamente y en su rostro se dibujó esa sonrisa, la misma que siempre se dibujaba cuando estaba alegre, cuando las mariposas en el estómago le bailaban, cuando la ilusión tenía su puesta en escena, cuando soñaba despierta:

Sábado al medio día, llegaba de su trabajo y mientras almorzaba veía las noticias. Liberaciones, crisis y una peste nueva estaban de sobremesa. Después de lavar los platos sucios tomaba su habitual siesta de 15 minutos. Al despertar ya tenía planeada la tarde hacían falta algunas cosas en la cocina y otras en el baño, sería una tarde de supermercado. Terminaba de organizarse para salir, de repente el timbre interrumpía su concentración, presurosa iba hacia la puerta mientras improvisaba una cola de caballo en su melena despeinada. De espaldas un hombre alto de porte elegante y un aroma fresco, a varón, provenían de él. ¡Mariposas! y un corrientazo que la estremeció toda le permitieron pronunciar palabra

- ¿Agustín?

Él da media vuelta, la mira a los ojos y sonríe – Sí

Se siente desfallecer, todos los sentimientos juntos, todos, los más felices hacían fiesta en su ser. Reacciona y se lanza a los brazos de su Agustín, se abrazan sin musitar palabras, lo hacen tan fuerte como queriendo expresar y decir tantas cosas con la intensidad y el fuego provocado por aquellos cuerpos juntos.

Suspira… abre los ojos, se incorpora y continúa con su sonrisita, lee una vez más esa carta, la misma que atesoró en su pecho mientras su mente volaba, la carta que le envió Agustín. Es vívida, toca sus letras, huele la tinta, el papel, ese que está hecho en tierras lejanas y que voló miles de kilómetros hacia ella, su ahora preciado papel.

Para Sofía sus días en blanco y negro ahora tenían otro tinte, ¿puedes amar en letras? ¿Puedes hacerle el amor a un papel? Sí, si puedes, Sofía ahora todo lo podía, había descubierto el amor, no el convencional, había descubierto otra clase de amor, el de antes, el que se alimentaba con versos, con sueños. El imposible, el que se teje con ideales. Su amor viajaba millas y cruzaba océanos para llegar a su encuentro, efectivamente había descubierto otro tipo de amor: el amor que florece en postales, el amor que se vive en soledad...

sábado, 17 de enero de 2009

En la vía

Esta mañana salí a mi caminata matutina, hace un par de meses no lo hacía, el aire estaba fresco y el firmamento tenía el clásico gris que vaticina una tarde lluviosa, efectivamente lo fue. Andar por la carrilera me resulta atractivo, para mí es como reactivar la memoria, recuerdo que a mis ocho años el tren encerraba una magia especial, su tambaleante movimiento no lograba marearme, todo lo contrario, complementaba la escena construida por el magnífico paisaje de mi Valle del Cauca, y yo, con mi rostro en la ventana cerraba los ojos, me dejaba llevar por la brisa que movía mis crespos y por el olor a pasto, a caña. Soñaba entonces con mundos lejanos, me inventaba historias como la de ser mochilera, vestida de camisilla, jeans, tenis, un gran morral en la espalda y con un destino impreciso a dónde la vía me llevara.

Camino entre los rieles con la mirada fija al suelo cuidando de no dar un traspié, lamentablemente mi panorama no es el de otrora, la vía está descuidada, sucia, desagradablemente sucia: botellas, papeles, colchones, excretas de vaca, de perro, de humano y hasta el cadáver de un minino trozado por la mitad, estaba en una posición tal que sospeché que se había tratado de un suicidio y pensé hasta los gatos se hastían de la vida, entran en depresión y acaban con sus días.

Al mirar al frente identifico una figura conocida. A unos cuantos metros de distancia, allá, sentado sobre los rieles, un hombre moreno de unos 50 ó 60 y algo de años, un hombre de la calle, no es el término más digno, pero es el menos ofensivo que encuentro para dar seña alguna de él. Me es conocido porque lo he visto muchas veces en los semáforos pidiendo dinero. Su suerte no es la misma de todos, ésta es distinta, está reducida a un carrito de balineras que le sirve como instrumento de locomoción, sus piernas las perdió durante una batalla, la vida. En ciertas ocasiones he escuchado su historia, pero ahora no aparece en mi memoria.

Al acercarme, el hombre del carrito saluda – buenos días – yo le devuelvo su cortesía – buenos días – lo rodeo porque está en el camino y sigo mi ruta que se impregna con el desagradable olor que emana, no lo culpo, la calle no es un buen hotel.

- Ayer también estaba ahí, quien sabe que tendrá en la cabeza ese pobre hombre. Comenta una señora que pasa por el lugar.

En mi mente se quedó su imagen. Continúo la marcha y llego a mi destino donde acostumbro hacer un circuito de caminata y retorno por los rieles camino a casa. De regreso, allí estaba el hombre del carrito, esta vez de espaldas, erguido, con un sombrero roído en la cabeza. El hedor llega primero, el viento está en contra, hago el mismo movimiento, lo rodeo, esta vez lo observo un poco más, su mirada esta perdida en el horizonte, como esperando algo, le es indiferente si lo miran o no, pienso hablarle pero a la vez no quiero interrumpir su meditación, su abstracción de la realidad. Creo que era obvio pensar, al ver sus condiciones de vida, que estaba esperando el paso del tren que lo llevaría al descanso eterno, al fin de sus dolencias, eso es lo primero que pasa por mi cabeza tratando de encontrar una explicación para este evento.

Observar su mirada sin esperanza, me transportó inmediatamente a la mirada de mi abuela, era la misma… mi abuela lleva un año reducida a la cama debido a una trombosis, para ella, una mujer de 83 años que solía gozar de una vitalidad de roble, este hecho es la muerte en vida, por eso no se toma las medicinas, constantemente llora y se le alcanza a entender cuando a media lengua dice: me quiero morir.

Vivimos en una eterna contradicción, insatisfacción, injusticia. Se rumora que la pelona no discrimina… confieso que yo, completica, con mis cinco sentidos rodando, he pecado, unas cuantas veces le he pedido que me lleve cuando no le encuentro razón a nada y precisamente nada ha pasado. Nadie se muere en la víspera, cita un sabio adagio popular. Entonces, ceñida a la realidad me consuelo ¿A dónde va el buey que no tenga qué arar? Y avanzo.

Sigo mi ruta y en los rieles dejo a aquel hombre, regreso a casa y durante el día al realizar mi jornada, me pregunto si mañana lo encontraré allí.

Mi abuela y según mi apresurado juicio, el hombre del carrito, junto a muchas almas más, esperan en fila su hora, el fin, la muerte, esa que nos respira en el cuello, esa que al estar en sensatez espero llegue cuando mis propósitos estén cumplidos y como en mis sueños de infancia, en forma de tren, pueda abordarlo tranquilamente con destino al paraíso o al cielo, que se yo. Y mientras eso pasa, seguiré en la vía saltando obstáculos, mirando cuidadosamente para no dar un traspié, pasando los altos y bajos, saboreando cada instante, respirando.

Los espejos me devolvieron el reflejo de la realidad, de mi suerte frente a otras suertes, una realidad cruda, cruel y a su vez maravillosa. Atendí a las señales: para mí hoy, en la vía, la muerte fue un soplo de vida.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Merry christmas to me...

Hoy debo sentarme a estudiar... un exámen de comunicación organizacional espera por mí mañana, sí, mañana lunes 8 de diciembre, festivo en nuestra Colombia por cuestiones religiosas, pero la cabeza no me da, no porque quiera salir a la calle a contemplar el espectáculo de farolitos y lucecitas que adornan las casas y las cuadras de mi pintoresca ciudad. La cabeza no me da, porque mi concentración es perversa, recuerdo que en el colegio, mi libreta de calificaciones por lo regular traía una nota escrita por la profesora: "Adrianita es buena estudiante, pero es muy distraida y charlona..." Qué tiempos aquellos. El punto de mi distracción es la pólvora, estamos en la época más dulce, más amorosa, más alegre y por obvias razones, más bullosa.

Y es que cómo carajos puedo concentrarme, si cada 15 minutos pasan y explotan un tote, u
n cohete, una zapa, una de esas tantas cosas que inventan los polvoreros para hacer su agosto en diciembre y engrosar las listas en los pabellones de quemados de los hospitales. Con cada estallido, mi cuerpo también estalla, se retuerce, mi corazón se acelera y comienza a subirme un calor y una comezón desesperada y me imagino torciéndole el cuello o echándole agua al promotor del estruendo. Respiro, me incorporo y continúo.

No se desde cuán
do comencé a perderle el gusto a la navidad, pero hace ya varios años, y no fue porque de niña hubiera pedido el regalo imposible, desde que tengo uso de razón se quién es el niño Dios, entonces mis peticiones eran justas y consideradas. Creo que es por toda esa fantasía americana que le meten a uno en la cabeza, la fantasía roja, verde y dorada que inunda las calles, el cuento aquel de los amigos que son más amigos, de los malos que se vuelven buenos, la odisea de las familias que desesperadas por cumplir con los estándares sociales, empeñan hasta la conciencia con tal de regalarles a todos un poquito.

Sí, es eso, la gente cambia, se enloquece, de un momento a otro les nace un espíritu festivo lo más de simpático y de todo quieren hacer una rumba diaria, y en las noches, mientras duermo, si es que puedo, mis ventanas vibran y se escuchan los bajos de la música en una incesante e indecifrable tonada, acompañados por las explosiones de los fuegos artificiales.

No creo que me esté quejando o que sea amargada, la verdad me considero divertida, pero es que no comparto esa locura colectiva, una locura sin razón, como la del 31 que ¿a cuenta de qué, tenés que abrazarte con todo el mundo y echarte a llorar por el año que se fue?, igual el 31 de diciembre, al de enero, al de mayo, es igual, al final los días mueren y al siguiente nacen y así, vienen y se van... De la navidad hay mucha tela de donde cortar, pero me la pasaría divagando y contando las historias que por mi ventana van pasando, como la gente que ahora hace turismo para mirar el alumbrado, van con sus pintas domingueras y listos para seguir de tiro largo por cuenta de la fiestecita en la casa de algún fulano. El tiempo se me pasa y de estudio nada, mejor hasta aquí dejo este tema y trato de concentrarme en lo que realmente me interesa, porque mañana pleno 8 de diciembre un exámen final me espera.

domingo, 16 de noviembre de 2008

¿El mundo es un pañuelo?



Viví la época del blanco y negro y cuando llegó la televisión en color a Colombia, en aquel entonces, una línea telefónica era un privilegio de pocos en mi ciudad, los mensajes más rápidos llegaban por cuenta de un telegrama, el contacto con un computador solo era generado a través de la caja mágica cuando veía los enlatados extranjeros.

La primera vez que escuché decir la frase, célebre tal vez, el mundo es un pañuelo, mi volátil imaginación trataba de identificar el termino tratando de juntar los cuatro lados de la tela en una esfera, cosa difícil era, pero con el paso del tiempo comencé a reconocer y a identificar cada vez más este dicho popular, pues repentinamente la telefonía llegó a mi casa y a la de los vecinos, a mis 13 años tuve el primer acercamiento con un computador, que aunque tenía pantalla naranja y funciones específicas, era alucinante. Recuerdo también que por la ansiedad de conocer el mundo, hice parte de una red de amigos por correspondencia de todos los rincones del planeta, las cartas tardaban en llegar alrededor de un mes, pero la emoción de saber qué había del otro lado del océano era más fuerte y la espera valía la pena.

Tiempo después, muy poco en realidad, al computador le aparecieron colores, llegaron las compañías de televisión por cable, los teléfonos se hicieron de bolsillo, algo grandes en realidad y costosos, pero de bolsillo, que hicieron a un lado al telegrama y en cuestión de unos años, el milagro de la comunicación se hizo más palpable y aterradoramente posible, podía escribirle a cualquier persona en cualquier lugar del hemisferio desde un computador y los mensajes llegaban inmediatamente y lo mejor aún, podía verle.

Ya no hay que esperar un mes para tener noticias del otro lado, con los amigos de otrora por correspondencia, ahora hablamos casi a diario y además nos vemos, enciendo la tele y me doy cuenta del precio del dólar, del petróleo, que los Olímpicos, que Beijín y Pequín son la misma cosa, y si mamá va al mercado y se me olvidó encargar algo, simplemente la llamo y ya está.

Creo que puedo afirmar que el mundo es un pañuelo cuando al hacer clic obtengo todo lo que necesito, comprar, vender, informarme, capacitarme, divertirme, participar en los procesos de gobierno, de comunidad… el mundo en las manos gracias a la tecnología.

Entonces los cuatro lados de la tela están unidos y ante esta realidad nacen los interrogantes, ¿Qué viene después? ¿Llegará el momento cuando la máquina supere al hombre y la ficción de Hollywood no sea más ficción? Como prisioneros, estamos destinados a correr la maratón contra el reloj y lo que hoy nos une mañana nos podría asfixiar. Temo por el futuro, temo por los que hacen fila y esperan por poblar a esta tierra, pero mientras temo, me debato en la contradicción y disfruto de las bondades de la tecnología y de nuevo me preguntó ¿Qué sería de mi vida sin ella?