miércoles 25 de noviembre de 2009

La Visita II parte, final


...continuación

- A veces me levanto a media noche a tomarme un vaso de agua y el perro está echado en la entrada de la cocina, apenas se le ven brillar los ojos, a mí me trata de dar susto, Tony me acuerda a ese perro que se me apareció aquella vez en la Argentina, en la finca que era de papá, yo estaba recién casado y me tocó salir a media noche a buscar al médico porque Luisa estaba ardida de fiebre.


Efectivamente esta era la introducción de una de las tantas historias que no me dejaban dormir, pero que con el masoquismo y gusto del caso, siempre escuchaba.

- Tío y ¿qué pasó? - Le pregunté tragando saliva, expectante -

- Yo creo que eran por ahí la una de la mañana, Luisa había pasado el día enfermosa, había comenzado embarazo y a esa hora ya estaba ardida de fiebre, entonces yo ensillé una bestia para bajar al pueblo y buscar al doctor, estaba haciendo una noche bien bonita se veía clarito; no llevaba tanto de camino, cuando de pronto la yegua se puso inquieta, se frenó y no quiso andar más, la “talonié” ¡oiga y casi me tumba! era como si se hubiera topado con una pared invisible, resopló y se paró en las patas traseras, yo me agarré fuerte de las riendas y en ese momento comenzó a oler a azufre, un frío lo más de raro me entró en los huesos, yo trataba de calmar a la yegua, ¡por Dios que susto! A la distancia pude ver cómo una bola de fuego se acercaba muy ligero hacia mí, y mientras se aproximaba podía distinguir la forma de un perro negro, los ojos parecían dos llamaradas, yo nunca había visto algo igual, creo que ese animal tenía metro y medio de alto, era muy grande, la yegua del susto se sacudió de nuevo tan fuerte que finalmente me tumbó, yo en el suelo solo pude pensar una cosa: “esto es el diablo que anda suelto”, cuando logré pararme ese animal estaba casi a dos metros de distancia, le podía ver la quijada, sus dientes eran amarillos y filosos, las patas eran gruesas parecidas a las garras de un león y mugía como tal, babeaba sangre creo; el olor a azufre se volvió una cosa insoportable, nauseabunda, yo estaba frio del miedo, y de repente como por obra de la virgen, me acordé de don Salvador Henao que una vez me dijo: “vea don Emilio, si alguna vez usted se topa en el camino con algo extraño y le huele a azufre, coja el machete, hágale una cruz con saliva en la punta, rece un padre nuestro y enfrente a esa cosa en el nombre de Dios y si es posible dele un machetazo…”, como no tenía otra opción agarré el machete, le hice la cruz, con la boca seca recé el padre nuestro y en el nombre de Dios enfrenté a esa cosa, no sé de dónde saqué el valor, pero le mandé un machetazo con tanta fuerza que le di en una pata, eso sonó como si le hubiera dado a un tubo de hierro y en el mismo momento en el que lo corté, botó un chispazo con mucho humo y pegó un rugido tan terrible, que me hizo pensar por un momento que ese era el fin de mis días…

A esas alturas ya tenía los pelos de punta el relato era escalofriante, yo había escuchado muchas historias y me las daba de valiente, pero ésta en particular, acompañada con los ademanes y la retórica de mi tío, era el pasaporte para una semana durmiendo en el cuarto de mis padres.

- ¡Virgen santísima favorecedme! Dije, y me tapé la cabeza con las manos… en un momento todo se quedó callado, el olor a azufre se fue tan rápido como llegó y cuando abrí los ojos, no había nada, ni humo, la carretera se veía más clara que antes y la yegua, como si nada hubiera pasado, salió de entre los matorrales. Me santigüé, me monté en la bestia y agarré camino para el pueblo en busca del médico, porque la fiebre de Luisa no daba espera y ya había perdido mucho tiempo.

Esa noche venció la fe, por fortuna, tío consiguió un médico en el pueblo, lo llevó a la finca, lograron bajar la fiebre de Luisita y salvaron la vida del bebé, mi primo, que ahora tiene sesenta años y se llama Salvador.

Entre cuentos y la merienda se nos fue el día en Buga, pasadas las siete de la noche nos despedimos y de regreso a casa, no quise irme en la parte de atrás del carro, pensaba en el perro aquel, en la “cosa maligna”… esa noche y durante cuatro noches más dormí al rincón de papá y mamá, todavía recuerdo los reproches: ¡Vio! ahí está muerta del susto, para qué se pone a darle pedal a su tío y si tanto le gustan esas historias, pues escúchelas, pero no les de tantas vueltas que por eso es que se llena de susto y no puede dormir. - El masoquismo creo es algo inherente en el ser, vivimos con el miedo y el dolor a cuestas…

Mi sacrificio dominical obtenía nuevamente recompensa, pues no creo que Morfeo en el mundo de los sueños me hubiera dado la magia que me daban aquellos cuentos. Pasaban días, hasta meses sin ir a saludar a los tíos, pero cuando la ocasión llegaba, ya estaba lista, porque sabía que detrás de nuestra visita familiar, yo ocultaba mi sed de historias, de anécdotas, de esas que ya no se ven.

miércoles 11 de noviembre de 2009

La Visita - I parte

- Nani, nani, levántese ya que nos vamos para Buga a misa al Señor de los Milagros, huy que hubo pues…

Un bostezo y la típica voz de ultratumba depués de ocho horas sin hablar:

- Hay mamá no me hagas esto, hoy es domingo, sabes que no me gusta ir a Buga, es aburrido, quiero dormir, toda la semana madrugando al colegio… por favor…


Situaciones típicas de un domingo cuando se crece en el seno de un hogar católico consagrado a la Virgen María y al Sagrado Corazón de Jesús. El punto no era tanto el disgusto por ir a la iglesia, de hecho desde niña me sabía la liturgia, tanto como para reemplazar al cura en alguna eventualidad. Era la aglomeración, la romería, ver gente de tantos lugares me asfixiaba, en algún momento llegué a pensar que sufría de alguna fobia social o algo parecido, pero nunca, creo, estuve al borde para serlo, en fin… Claro que sí podría decir que la gente me intimidaba, y ahora encuentro el motivo del por qué era molesto para mí ir a misa, era el momento en el que el cura decía: “hermanos, daos fraternalmente el saludo de la paz…”, mis manos sudaban e instantes previos mi corazón se aceleraba y se iniciaba el calvario, las manos me las secaba en los pantalones… no soportaba el tener que decir “la paz sea contigo” sonreír entre dientes y darle la mano a todo el que estuviera a mi alrededor sin conocerlo previamente, sin saber su nombre, su pasado, sin saber si quiera dónde habrían estado esas manos antes de estrecharlas con las mías.

Era todo un ritual de penitencia que se complementaba cuando íbamos a la Basílica, pues allí, después del sermón, de la hora de la Paz, tenía que resistir el momento de la “Consagración al Señor de los Milagros”, una consagración que duraba aproximadamente unos cinco minutos e implicaba tener el brazo derecho arriba, entonces para mí, de cinco minutos, pasaban a ser treinta, cosa que me remontaba a los castigos del colegio… el sacerdote era pausado, a cada frase le ponía el sentido y la entonación del caso y mientras pausadamente la pronunciaba, los feligreses debíamos repetir, bueno…yo repetía, pero de manera ingenua lo hacía rápido, como si eso agilizara las cosas.

Finalmente, papá y mamá siempre tienen la razón y hacer enfurecer a mamá no era mi deporte favorito, así que, pese a mi sueño, a mis ganas de seguir en los brazos de mí amado Morfeo, me levanté y me fui a cumplir con mi deber católico.

Una vez más, logré superar la prueba, salimos de la Basílica, el almuerzo fue en el sitio de costumbre, ¿y ahora? Pues hacerle visita a Emilio y Luisita, ese plan si me gustaba, de todos mis tíos, ellos eran mis favoritos, él era la versión en masculino de mamá, un hombre dulce, sonriente, bromista, gracioso, echa cuentos, ella, pese a no ser una tía sanguínea, lo era, la sentía y sentía su amor por mi… unos buenos paisas en todo el sentido de la palabra, tanto, que como gitanos, se habían alejado de su natal Antioquia, radicándose en el Valle.

Llegar a su casa era una celebración, recuerdo la gran sonrisa en sus rostros, esos ojitos chinitos se les apagaban más, no reparaban en atenciones, para la familia siempre era lo mejor.

- Mija y usted cómo ha estado, hacía días que no venía – me decía mi tío mientras me abrazaba y me daba palmaditas en la espalda.

- Bien tío, estudiando…

En mi época de adolescente, que entre otras cosas, hagamos un paréntesis con respecto al término, yo lo comparto, porque el adolescente adolece, y sufre al tener que dejar su cómoda vida de infante sin preocupaciones, para enfrentar la realidad y pensar en qué va a pasar con su vida, y sí, yo sin excepción, adolecí de tantas cosas, pero sobre todo adolecí de estupidez y no gocé de un discurso muy nutrido, la timidez y los complejos formaban parte de un mundo lejano, observador, oyente… era mejor escuchar que ser escuchado, así, se pasaba desapercibido y no robaba atenciones. Y escuchar, creo en cierta forma fue un acierto en una familia llena de historias, de juglares. Si bien, salir de casa para mí era un sacrificio, éste resultaba compensado con todas las anécdotas que brotaban de los labios del tío.

Otra de las alegrías al llegar a esa casa, era encontrarse con un personaje peludo, negro azabache, un Chau Chau con una inteligencia extraordinaria, era Tony, el perro de la casa.

- ¿Tío qué se hizo Tony?

- Tony debió haber salido detrás de Andrés que lo mandé para la tienda… ese perro nos cuida a todos, es tan especial y tan bravo el condenado, no puede ver a un gato en el techo porque se pone que se muere de la rabia…

Ese era uno de los pocos temas de conversación que sostenía con mi tío, para mí la magia llegaba cuando él se sentaba a contar historias, esos cuentos fantásticos que solo sucedían en el campo en aquella época, cuentos de espantos y brujas, de esos que le ponían a uno la piel de gallina de solo imaginarse la escena.

continuará...

martes 10 de noviembre de 2009

Pasajes


Todas las mañanas la encontraban allí, sentada sobre su mecedora de madera balanceándose:

adelante - atrás, adelante - atrás…

tejiendo la manta para su amado:

zigzag, zigzag, zigzag…

-¡buenas doña Polonia!

-buenas misiá Delfina.
Una adusta voz se escondía tras la morena figura.

-¿ésta vez será misiá Delfina?

-no, todavía faltan muchos días…

Hasta ese punto les llegaba la conversa. Delfina seguía la ruta empedrada que conducía a la vereda, y Polonia, cual la épica Penélope, su manta tejía al vaivén de su vieja silla:

adelante – atrás, adelante – atrás...

Todavía faltan muchos días.

martes 11 de agosto de 2009

Periodismo, compromiso social

Me encontraba realizando mi rutina cotidiana en la mañana del martes 4 de agosto cuando recibí la grata llamada de un amigo quien con la voz en tono alegre me dijo – Feliz día del periodista amiga Adriana - En realidad ni por la mente se me cruzaba aquella fecha institucionalizada desde el año 2004, donde la Ley 918 declaró el día 4 de agosto como el “Día del Periodista y Comunicador”, en conmemoración de la primera publicación de la “Declaración de los Derechos del Hombre”, realizada el 4 de agosto de 1794 por Antonio Nariño, Precursor de la Independencia.

Confieso que no soy periodista y nunca me he sentido como tal, en realidad el camino apenas comienza. Mi profesión es la locución, al periodismo le huí durante mucho tiempo, demasiado compromiso social para alguien que no quería enredarse la vida. No cualquiera es periodista, para serlo se necesita criterio, coraje y una integridad férrea que no le permita doblegarse ante el signo pesos. Entonces, recuerdo y admiro a los grandes, a esos hombres que dejaron su nombre impreso en la historia del periodismo en nuestro país.

Sin viajar muy lejos en nuestro terruño el periodismo también tiene historia, resaltemos por ejemplo una que aún sigue su rumbo en un camino que se abrió a pulso por allá en el 75, cuando un tolimense y tulueño de corazón José W. Espejo, nos enseñó que la constancia, la convicción y la pasión por lo que se hace tienen su recompensa. Así nació El Tabloide, periódico que durante 34 años, ha estado en las buenas y en las malas de nuestro acontecer centrovallecaucano, que nos presenta un periodismo ágil que ha madurado con el pasar de los años, que ha evolucionado al ritmo de la modernidad y se reinventa cada vez, pero ante todo que no pierde su esencia y su razón de ser: ser emisores de la verdad.

Mis letras hoy agradecen a quienes aún defienden esta causa, a quienes con pasión desarrollan esta actividad tan digna de admirar, tan fuerte, pero tan frágil cuando se trata de divulgar las cosas tal cual. Pase lo que pase que tu voz no se calle, que tu pluma sea la espada que esgrimes por justicia, la objetividad una constante y la verdad, la ruta que marque tu destino... Feliz día hoy y todos los días amigos Periodistas.

domingo 2 de agosto de 2009

El mejor trabajo del mundo

Una noticia que le dio la vuelta al mundo y ha despertado miles de caras verdes de la envidia, la protagonizó el joven británico Ben Southall, quien a sus 34 años se hizo merecedor de “El mejor trabajo del mundo”, con un sueldo US105.000 dólares estadounidenses, ganados a punta de tomar el sol, pasearse en las playas vírgenes de Queenland (isla australiana) y relatar diariamente su experiencia en un blog con fotografías y todo durante seis meses. Esto por cuenta de un reality show australiano que debido a la crisis, busca incrementar el nivel de turistas.

La noticia es magnífica, cualquiera de nosotros desearía un trabajo así, el mejor trabajo del mundo. Mi imaginación se adelanta unos tres meses después de todo este bullicio mediático cuando el joven Southall, haya recorrido de cabo a rabo la isla y sus alrededores y esté mamado del sol, el calor, de bañarse con agua salada y haber entrado en la rutina de divertirse diariamente. Entonces la idea del mejor trabajo del mundo se desvanece y me hace recordar una anécdota que demuestra nuestro interminable inconformismo. Hace un año una amiga se quejaba por lo cansada que estaba en su trabajo, aparte de tener un sueldo bajo, no gozaba de un buen jefe, sus quejas eran constantes hasta que consiguió uno nuevo y mejor remunerado, esta semana me la encontré y de nuevo se quejó por su mala fortuna, este trabajo también la tenía aburrida.

Somos quienes somos donde quiera que estemos, ¿a dónde va el buey que no tenga qué arar?, el mejor trabajo del mundo está en nuestra conciencia, en lo bien que nos desempeñemos, el mejor trabajo del mundo está en agradecer que tenemos uno, que san billete así sea poquito llega, porque la ley de causa y efecto existe, y lo que sembramos eso cosechamos. El mejor trabajo del mundo aparece cuando lo asumimos con una sonrisa, cuando disfrutamos lo que hacemos y cuando estamos convencidos que la magia en la vida existe.

La Rueda Mágica

En Colombia celebramos 199 años de nuestro grito de independencia, ¡vaya, un añito y llegamos al bicentenario! En este lunes feriado todas las calles de nuestra patria se veían tan bonitas adornadas con el tricolor y gracias a la brillante idea del Gran Concierto Nacional, en más de mil ciudades colombianas se instalaron tarimas donde los artistas y músicos, ofrecieron su talento para deleitar a los miles de espectadores, que se congregaron en las principales plazas y en un solo grito cantaron ¡Viva Colombia!, ¡Libertad!, entre otras consignas esperanzadoras, de esas que nos salen cuando estamos imbuidos con el espíritu patrio.

Independencia, palabra que retumba en mi cabeza al recordar vagamente el hecho que rebosó la copa, la excusa perfecta para formar la trifulca, el préstamo de un florero, el famoso florero de Llorente. Sin abusar de la historia ni dármelas de historiadora, ni más faltaba, trataré a mí entender, de remembrar un poco el hecho aquel, para que estemos claros en el por qué nuestro grito de independencia se ha dado.




Durante tres siglos, iniciando desde el descubrimiento de América en 1492, las tradiciones políticas de los criollos, es decir nosotros, giraron en torno al dominio colonial, los españoles. Dominio que se tradujo, como cosa rara, en abusos en los impuestos a la corona, restricciones y discriminación hacia los criollos con respecto a ocupar cargos de poder. Entonces un grupo de criollos ilustres se reunieron en secreto para planear el golpe final que con la excusa del préstamo de un florero, marcó el comienzo de una serie de revoluciones independentista que la historia ha relatado ya. Aquellos esfuerzos no fueron en vano, nos libramos de los tiranos, pero leyendo un poco más me doy cuenta o especulo que la historia vueltas da. Como “la rueda mágica” en ciclos giramos y ahora nuestros opresores en otras pieles han mutado, y tal vez a una Patria Boba hemos regresado. Patria que reclama libertad, que le hace fiesta a una utopía cada 20 de julio, mientras a sus hijos se los come la selva en medio de las sombras. Nuestras batallas se reducen a un polvo blanco, el comodín usado para afianzar la entrada de una nueva corona que llega con los vientos del Norte.

La rueda mágica ha girado, pero a la espera de un Tribuno del Pueblo estamos, alguien que nos aliente con tan premonitorias palabras que con el pasar de los años aún siguen en boga: "Santafereños: Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan". Esta fue la consigna de José Acevedo y Gómez, criollo ilustre con la elocuencia suficiente para mover al pueblo y cuyas palabras pronunciadas aquel 20 de julio de 1810 me llevan a pensar en el grito de Independencia que… ¿hemos dado?

martes 21 de julio de 2009

Que brille para ellos la luz perpetua...



El 25 de junio de 2009, será recordado como el día que paralizó a un mundo que durante cinco décadas le siguió la pista al prodigio de The Jackson Five: Michael, el pequeño gigante dueño de la tierra del nunca jamás, de los pasos inimitables, de la voz dulce, el de las letras esperanzadoras, y quien casi quince días después de su muerte, al fin descansó en paz en su modesto ataúd de más de 25 mil dólares, se fue Michael Jackson, el Rey del Pop. El año 2009 sin duda quedará escrito con letras capitales en la historia de la humanidad, se ha llevado en su tránsito a personajes que dejaron una huella significativa en la escena mediática.

Ese día, tras el revuelo de los medios de comunicación por el deceso de Jackson, tímidamente salió a luces la muerte de otro ícono de la cultura pop de los años 70 y 80, el sex symbol y ex ángel de Charlie: Farrah Fawcett. Estos acontecimientos que tocaron la vida de muchos, uno bajo la sombra del otro, me hicieron recordar que el 13 mayo hace escasos dos meses, Colombia vivía un hecho similar al despedir a dos grandes consentidos de los medios criollos: el Payaso Bebé y Rafael Escalona. Desde sus flancos el humor y la música, escribieron nuestra historia e irónicamente, el primero bajo la sombra del segundo, también marcaron su retirada.

Muchos pensamos en la injusticia del adiós, en el por qué si ambos fueron igual de importantes o hicieron esto y aquello, no se merecieron igual despedida, igual despliegue sensacionalista, lo irónico es que el adiós mismo es injusto. Suntuosas y bullosas o humildes y discretas, las despedidas son dolorosas, la hora de partida no está escrita, pero los hechos en vida son los que realmente cuentan en vida hermano en vida… Este año 2009 sí quedará escrito en la vida de muchos, en la vida de los Jackson, de los Escalona y de los miles que despidieron o despedirán a sus seres queridos, éste es un tránsito inevitable, pero mientras llega siempre recuerdo que las obras son las que quedan.

sábado 4 de julio de 2009

Un año después, ¿Colombia libre o antiparabólica?



El jueves 2 de julio se conmemoró el primer aniversario de la heroica operación Jaque donde 15 secuestrados por las FARC fueron rescatados gracias a una impecable operación militar, las principales noticias de la prensa colombiana se concentraron en remembrar la hazaña, el antes y el después. Un año después en la vida de aquellas personas quienes hoy miran al pasado y cuentan la historia como contando una película, a la que se le presta mucha atención y se recita con lujo de detalles.

La operación que le dio la vuelta al mundo, sin duda dejó una honda huella en cada uno de nosotros. Estos son hechos históricos que nos unen en sentimiento patrio sin importar credo, estrato o raza, como aquella vez del 5 a 0 contra Argentina, ¿cómo olvidarlo? Los colombianos se abrazaron en un solo grito: la victoria ante los gauchos, los reyes del balompié latinoamericano.

Un año después, el recuerdo del rescate sigue latente y como hecho histórico que se respete, en la vida de los afectados, es decir en la de todos, se hizo un paréntesis y como por arte de magia uno se acuerda exactamente de lo que estaba haciendo ese día. En mi caso particular recuerdo que estaba en la casa de un amigo cuando la noticia llegó y encendimos la tele: ¡liberaron a Ingrid!, nos miramos y nuestros ojos estaban automáticamente aguados, no lo podíamos creer, nos abrazamos, salimos a las calles y veíamos las risas y rostros de asombro y esperanza en cada uno.

Los abrazos, el orgullo nacional que se siente, esa acción solidaria que se transmite cada que vivimos un momento tan marcado como éste, se reclama constantemente en los colombianos cuando somos presas cotidianas de un mal llamado: ser Antiparabólico, palabra que escuché en la jerga venezolana y que además de una risa, me robó la atención porque hace referencia a una persona a quien poco o nada le interesa un asunto. Aquí nuestro asunto es Colombia, nuestros derechos fundamentales.

Entonces el ser antiparabólico no es un mal nuevo y considero de más cuidado que el virus A H1N1 por peligro de contagio. Somos antiparabólicos cuando injustamente nos imponen leyes, violan nuestros derechos y por negligencia no acudimos al deber ciudadano de reclamar lo justo. Somos antiparabólicos cuando siendo testigos de un atropello a una persona o animal indefensos, callamos. Y peor aún, el antiparabolismo cobra fuerza en las urnas gracias al abstencionismo.

De antiparabólicos y antiparabólicas está lleno el mundo y como resultado la injusticia e indiferencia reinan por cuenta de la ignorancia del silencio. Que no sucedan más hechos que despierten el espíritu colectivo, que el colectivo sea la constante. Que la cuota de dolor se convierta en el grano de arena para erradicar la indiferencia. Hoy de manera breve, estas letras más que una opinión quieren hacer eco de un clamor, donde el ser antiparabólico se convierta en ficción.